El Holocausto Jesuita del Vaticano [5/8]

En 1945, Las fuerzas aliadas, lideradas por el General Eisenhower, tenían en su posesión el artefacto de maldad jamás creado en la historia humana — la Lista Maestra de las SS — cientos de miles de páginas que listan todos los nombres de aquellos sacrificados en los campos. Hoy, el paradero de este objeto tremendamente maligno es oficialmente desconocido. Sin embargo lo que está en juego es nada menos que la prueba irrefutable a la pregunta de exactamente cuántos murieron en los campos de exterminio en la segunda guerra mundial, y el hecho de que murieron por razones religiosas — no políticas.

¿El Holocausto en verdad sucedió?

En ningún otro evento en la historia ha existido tanta evidencia y documentación de un genocidio que en los campos de exterminio nazis de la segunda guerra mundial — no sólo los sobrevivientes, los videos y las fotografías, sino también los mismos campos y los cientos de miles de páginas escritas que evidencian indudablemente el asesinato. Me refiero a la existencia de no sólo una, sino dos Listas Maestras de la Muerte — una creada específicamente para remover a la gente, y otra para su llegada a los campos de exterminio.

Estas listas documentan exactamente no solo una, sino dos veces el nombre de cada víctima, y dónde fueron sacrificadas. El hecho de que las Listas Maestras de la Muerte existieran después de 1945, y todavía hasta hoy en día, significa que no debería de existir un serio debate sobre si el holocausto sucedió, ¿o no? Las listas son la principal evidencia de la verdad. Así que, ¿cómo podemos estar seguros de que las listas existen?

¿Qué prueba hay de que las Listas Maestras de la Muerte alguna vez existieron?

La primera parte de la evidencia se puede encontrar fácilmente en los museos, memoriales y archivos del gobierno sobre el holocausto. Tanto el vaticano como los dictadores católicos mantenían listas meticulosas, documentando cuidadosamente el nombre de cada víctima.

Estas no eran notas rápidas hechas a mano, sino listas detalladas de personas, categorizadas cronológicamente, con el fin específico de ser tan exacta como fuera posible. Puedes verlas por ti mismo si vas a un museo del holocausto, o si buscas por internet. Cada dictador católico tenía que hacer listas de la muerte desde Ustashi en Croacia, hasta los grupos de asesinos de Nazis en argentina.

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Ejemplo del tipo de listas expedidas por las SS nazis en campos de trabajo y exterminio

El segundo cuerpo sobrecogedor de evidencia de que las Listas Maestras de la Muerte Nazi existían se encuentra en los juicios de Nuremberg.

De hecho fueron éstas mismas listas las que se usaron como evidencia para condenar a los exsoldados y oficiales. Esta evidencia se le fue otorgada a los estadounidenses durante los tribunales de guerra de Nuremberg. Por lo tanto esta evidencia se le fue entregada a Fr Edmund Walsh S.J., quien coordinaba el control legal sobre los juicios de Nuremberg, y el cual resurgió de manera subsecuente en forma de documentos que se usaron como evidencia en contra de los criminales de guerra de bajo rango.

Cada página de las Listas de la Muerte Nazi es como una nota que dice más o menos “He asesinado a las siguientes personas”. Al final, decenas de miles de imágenes de video y fotografías fueron solamente un teatro macabro — Eran éstas lístas las que condonarían, de cualquier forma, a cada criminal de guerra en Nürembeg.

Después de la guerra, un número de caza nazis y autoridades usaron el acceso que contaban a parte de estas listas como la base para publicar sus estimados sobre el número de judíos asesinados por los dictadores católicos. Inclusive con la enorme cantidad de evidencia, la cifra de “seis millones” se ha mantenido sorpresivamente como el número aceptado.

La pregunta es, ¿Por qué los oficiales como Fr. Edmund Walsh S.J (quien tenía control de la Lista Maestra Nazi del Holocausto en los juicios de Nuremberg) no publicaban una lista con el total de los nombres de los cientos de miles de páginas de evidencia documentada ya en 1945-1956? No. ¿No podían Incluso en 1948, en la fundación de las Naciones Unidas y la declaración del Estado de Israel, las autoridades publicar fácilmente una cifra exacta, basada en los documentos en su posesión? ¿Por qué nunca se publicó una cifra exacta? Y ¿Qué le sucedió a la Lista Maestra Nazi?

El gobierno alemán publica parcialmente la Lista Nazi del Holocausto

Un tercer ejemplo de la existencia de las Listas Maestras de Muerte Nazis vino a finales del 2008, cuando el gobierno alemán decidió publicar una lista parcial de la lista de las SS. La lista contiene unas 600,000 personas de ascendencia judía que fueron asesinados por los Nazis. Los documentos, los cuales muestran meticulosamente los nombres de las personas, claramente documentado para propósitos oficiales, había estado aparentemente sentada en distintos archivos alemanes desde el final de la segunda guerra mundial. Las listas oficiales — documentos que ni siquiera los negadores del holocausto cuestionan — son lo suficientemente amplias como para demostrar un claro patrón de limpieza étnica dentro de la comunidad judía. Judíos Ashkenazis fueron principalmente perseguidos — judíos de Alemania, Europa y Rusia. Algunas familias judías Mizrahim también aparecen en las listas — judíos que rastrean su origen a lugares como el norte de África. Pero hay una ausencia notable —una enorme anomalía estadística—, la falta de apellidos Sefaradis — antiguas familias de España, Portugal y Francia.

Esta anomalía concerniente a los judíos sefaradís — las familias judías más antiguas de Europa, y los únicos que se habían convertido del judaísmo al catolicismo, y luego al judaísmo otra vez— es extremadamente importante

Estas mismas famías sefarádicas judías dicen tener su origen en las familias de sumos sacerdotes de los templos judíos de Jerusalem, Antioco y Alejandría. Ellos escaparon del Medio Oriente y se asentaron en España, Francia y Portugal, creando su propio reino de Septimania durante el oscurantismo. Sin embargo estas mismas poderosas y ricas familias siempre se han mostrado dispuestas a cambiar de religión, afirmando ser musulmanes bajo el mandato moro, y desupés católicos en la época del reino español.

Son a estas mismas poderosas familias —sefaradís—  de comerciantes y banqueros judíos a las que se les otorgaron patentes exclusivas por parte de la Iglesia Católica Romana. La familia Rothschild es un ejemplo.

Por una lado, la completa ausencia de nombres sefaradíes en las listas de la muerte del holocausto demuestra la fría maldad de los dictadores católicos: Si pertenecías a una familia judía de más de 1500 años de antiguedad, eras salvado; si no, entonces ibas a los campos de sacrificio.

También explica parcialmente otra importante anomalía de las segunda guerra mundial — los judíos sobrevivientes, las familias judías, principalmente en Munich y Berlín, que no fueron objeto de la persecución por parte del os dictadores católicos. Hay sólo una característica que comparten esas decenas de miles de familias judías en lugares como Munich, Berlín, Paris y Roma — Todos eran sefaradís.

De hecho, el negador del holocausto David Irving usa esta prueba de las familias sefarádicas sobrevivientes en centros de Alemania contra el holocausto mismo — dice que su supervivencia es prueba de que no todos lo judíos fueron perseguidos, y por lo tanto el holocausto no pudo haber pasado.

¿Por qué hacer una Lista Maestra del Holocausto?

Si estás intentando exterminar gente de la manera más eficiente y secreta posible, ¿entonces por qué escribir una lista? Cualquiera que haya visto un programa policiaco en televisión sabe que dejar una lista de las víctimas en la escena del crímen es prácticamente como dejar una confesión firmada.

Ciertamente, la existencia de las listas maestras nazis — esas mismas que se usaron para aislar y arrestar a los judíos puede ser explicada como la fría eficienfia por parte de Fr Himmler S.J. y las SS. La existencia de la primera lista no está en duda, ya que fué producida usando équipo de cómputo y personal patrocinado por International Business Machines, quien usó las masivas ganancias para transformarse en un leviatán mundial.

En todos los demás actos de genocidio documentados — Rwanda, Bosnia, Kosovo… — el objetivo era deshacerse de toda la evidencia tan pronto fuese posible. No gastaron cantidades enormes de recursos construyendo campos, elaborando intrincados complejos de hornos o listas meticulosas — sólo cavaban grandes hoyos y luego los llenaban de gente, nada más.

Claramente las detalladas listas son evidencia que demuestran que la afirmación “los nazis usaban campos de exterminio para salvar dinero”, es falsa. Lo que hicieron no es nada barato ni eficiente.

Claramente las SS no eran idiotas. Así que, ¿Por qué documentar la masacre en el más explícito de los métodos — los nombres de las mismas víctimas — , en no sólo una, sino múltiples ocasiones?

Para responder esta pregunta, necesitamos considerar la única evidencia del uso de documentos personales y listas de tortura y sacrificio humano — las grandes inquisiciones de la Iglesia Católica Romana durante 600 años, empezando por el siglo XIII, así como las ceremonias de nectromancia y magia negra.

El nombre y el acto de maldición

El Papa Honorio III, el más grande de los magos negros del siglo XIII (con su experimentación y adivinación con los condenados), es el primero en escribir en su Grimorio de Magia Negra sobre un concepto moderno, concerniente a la tortura y el sacrificio de una persona y el uso de su nombre durante la ceremonia.

Aunque siempre se ha sabido que el verdadero nombre de las cosas tiene gran poder en la magia ceremonial, el Papa Honorio fué el primero en sugerir que el nombre de una persona fuese “cantado” y maldecido durante el asesinato.

Esta torcida creencia tenía el objetivo de condenar a la víctima, transormándola en el sirviente del oficiante por la eternidad.

Se cree que la necromancia medieval es una síntesis de magia astral, derivada de influencias árabes, y un tipo de exorsismo derivado de enseñanzas cristianas y judías. Las influencias árabes se vuelven evidentes en rituales que involucren a las fases de la Luna, la posición del Sol, el día y el tiempo. La fumigación, y el acto de enterrar imágenes también se encuentra en magia astral y necromancia. Influencias Cristianas y Judías también se encuentran en los símbolos y fórmulas de conjuración usadas en los rituales.

De pronto nombrar a las personas se volvió una práctica común. Ahora se le podía dar un uso al nombre de la persona sacrificada. Se decía el nombre de asesinos y ladrones al ser colgados. Los herejes eran culpados y su nombre se decía en voz alta mientras eran quemados y los grandes Inquisidores usaban el nombre del acusado constantemente durante el proceso de interrogación y pena última.

Así que si millones de personas íban a ser sacrificadas propiamente, su nombre debía ser dicho en voz alta y maldecido mientras eran asesinados. Además la documentación — las listas — sería esenciales.

¿Qué les pasó a las Listas Maestras Nazis?

¿Qué les pasó a las Listas Maestras Nazis? — ¿Las listas Maestras de cientos de miles de páginas cuidadosamente documentadas de los nombres de cada persona que fueron sacrificadas por dictadores católicos? ¿Tenía el jesuita Fr Walsh la evidencia? ¿O fué la evidencia llevada de regreso a los EEUU, archivada en algún  lugar secreto? ¿O fué destruida de manera deliberada? Si es así, ¿por quién, y bajo orden de quién?

Éstas son sólo algunas de las preguntas que quedan concernientes a las listas faltantes con millones de nombres. Las últimas personas en tener control de las listas eran los oficiales del Vaticano. Así que, ¿tienen la lista maestra de los nazis? Si es así, ¿por qué no admite el Papa Francisco el hecho de que poseen los nombres y los detalles de cada víctima del holocausto? Sino, al menos que publiquen los documentos, o que provean algún número indicativo — como “seis millones”, como evidencia contra la mentira de la negación del holocausto.

Desafortunadamente, en cuanto a las listas maestras del holocausto, no hay nada más que silencio por parte del Vaticano. De hecho dicen que jamás existieron — como sí los Juicios de Nuremburg y las decenas de miles de cajas de evidencia documentada jamás hubeiran existido. A pesar del hecho de que cada museo del holocausto es prueba de que las listas maestras de los nazis existían, el Papa y el Vaticano niegan su existencia, o su paradero. ¿Por qué existe tanta secrecía alrededor de este terrible documento? ¿Por qué no simplemente dar los nombres, o probar que fué destruido?

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